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María Felisa Méndez Rastrojo, artesana de almazuela

María Felisa Méndez Rastrojo llegó con el Siglo XXI a Fuerteventura: casi al tiempo que la isla estrenaba centuria, esta madrileña, profesora jubilada y alma plena de energía y espíritu positivo, se asentó en Antigua para desarrollar una tarea artesana movida únicamente por su pasión por hacer las cosas bien. Su trabajo en patchwork y ganchillo habla muy bien de sus capacidades. Su discurso define aún mejor a una persona comprometida con Fuerteventura y su Artesanía.

¿Cómo empezó con el patchwork y la almazuela?

¡Bueno! Yo empecé hace… Hice mi primer paño de ganchillo con tres años, porque me enseñó mi madre. He sido profesora de instituto toda mi vida, luego me jubilé, me vine a vivir a Fuerteventura. Y alguien me dijo que por qué no me sacaba el carnet de artesana, después de estar haciendo estas cosas.

El patchwork lo aprendí estando aún en el instituto: en realidad, es la elaboración de almazuelas, que es el trabajo que he desarrollado. Así se llama el oficio. Es un poco distinto del patchwork. Hace veintitantos años me enteré de que en un centro de mayores de Logroño, donde yo trabajaba, unas viejitas iban a dar un curso, porque no querían que se perdiera ese oficio. Y tenían muy pocas plazas. Fui, pregunté y comenté que estaba muy interesada. Ellas me enseñaron durante un curso entero. Fue un año inolvidable, también por todo lo que viví allí. Luego me enteré de que había una tienda que vendía telas para esto, cuando ya se empezaba a conocer mejor el patchwork: la dueña era amiga mía, y también aprendí lo que es el patchwork propiamente dicho.

En su actividad como artesana de la almazuela, patchwork o ganchillo, ¿qué es lo que le ocupa ahora más tiempo?

Ahora me estoy dedicando a hacer peluches de ganchillo: amigurumis, se llaman. Muñecos hechos de hilo de lana de ganchillo. Esto sí que lo aprendí yo sola. Vi a una chica en una de las ferias con esto, me llamó mucho la atención y me dije, «esto lo tengo que aprender yo». Los primeros me salieron mal, pero ahora me salen espectaculares. Spiderman, Batman, la Patrulla Canina…, el que se ponga por delante. Empezando por los que me pide mi nieta. Los que más me han encargado han sido unicornios, que tienen un éxito tremendo. Pero también he hecho al maestro Yoda. Bueno, en realidad, al Baby Yoda. Y me he puesto con Pepa Pig, Bob Esponja, Calamardo y Patricio.

María Felisa ha conseguido conectar lo artesano con la cultura digital: «De lo que más me piden son muñecos de ganchillo de Among Us»

¿Qué es lo más particular que le han pedido en ganchillo o patchwork?

Uf, me han pedido cosas muy raras. Por ejemplo, el Among Us (los personajes de un popular videojuego para móviles). Yo no tenía ni idea de lo que era eso, pero claro, tengo a mi nieta por ahí. Mi hija me explicó en un momento. Quizás es de lo que más he hecho. Con los minions también me ha pasado: me los han pedido un montón. También hago llaveros, muñecos más grandes, más chicos… Hago diademas, imanes para la nevera…. ¡Lo que haga falta!

¿Cuál es su principal motivación para desarrollar todo este trabajo?

Para mí esto no es un negocio: estoy jubilada, tengo mi pensión. Es un hobby, más que otra cosa. Sí que cobro el material, pero poco más. Pero no tengo mucho más tiempo: mi marido me dice que trabajo más ahora que cuando era profesora y tenía que corregir exámenes. Pero esto es más divertido que corregir exámenes.

Como docente, ¿cuál fue su trayectoria?

Impartía clases en Logroño: primero, de Matemáticas, pero luego salieron unos cursos para profesores, y me saqué el título de inglés. Y en los últimos años estuve dando clases de inglés. Yo soy de Madrid y mi familia es de Extremadura. Hemos hecho 14 traslados y hemos vivido en muchos sitios. Hasta me saqué la licenciatura en Lengua Catalana, porque he trabajado en Cataluña varias veces, y la verdad es que no tenía más remedio. Eran cinco años y me lo saqué en cuatro.

¿Y cómo es que acabó en Fuerteventura?

Me vine a Fuerteventura porque una de las veces que a mi marido lo iban a trasladar en su trabajo, salían plazas en Tenerife; Y yo saqué la plaza, pero, qué cosas, a mi marido lo mandaron a Cáceres. Me encontré en Tenerife sola y con dos niñas pequeñas. Fue hace muchos años. En cuanto pude, me fui. Pero me fui llorando: me dije que cuando me jubilara me iría a vivir a Canarias. Luego pasó que me dio un derrame cerebral y me jubilaron con 52 años. Por entonces Tenerife ya había crecido mucho. Conocíamos todas las islas mi marido y yo menos Fuerteventura. Vinimos en el 2000, de vacaciones. Fue llegar y enamorarme de la isla de Fuerteventura. En el 2001 ya estábamos buscando casa. Al final encontramos una casa terrera, majorera: con un terreno no muy grande. Ahora es verdad que esto también ha crecido, sobre todo, desde que se han venido todos los italianos de Italia…

Lo que transmite es que en la isla se siente en casa, ¿es cierto?

¡Me encanta esto! De vez en cuando tengo que salir, y me voy, viajo y vuelvo encantada. La vida hay que vivirla en el momento, me di cuenta cuando me dio aquello, que me pasó dando clase.

¿Mantiene una relación con los artesanos de Fuerteventura?

Sí que tengo relación con los artesanos, estoy en la asociación de Artesanos Creativos de Fuerteventura y desde que empecé, al poco de llegar, he estado en la comisión de artesanía en el Cabildo un montón de años. Aunque económicamente no vivo de ello, es algo que defiendo. Me da mucha pena lo que está pasando con la artesanía tradicional. Se está perdiendo. Mi marido y yo nos apuntamos a un curso de palma y de telar, con una señora muy mayor, justo para que no se perdiera el conocimiento.

«Lo tradicional se está perdiendo»

Cáctus de ganchillo de la artesana María Felisa Méndez Rastrojo

¿Animaría a los jóvenes a recuperar este trabajo?

Lo tradicional se está perdiendo totalmente. Hay muy poquitos artesanos, y la mayoría de más de 80 años. Así que… A los jóvenes, no sé que les diría la verdad. Ahora es cierto que se están dando muchos cursos en los colegios, pero de tradicional, muy poco. Se está dando cuero, algo de madera, pintura en seda. Este año se han dado mucho cursos, pero quizás falta esa otra oferta.

¿Cómo definiría su estilo artesanal?

¿Mi estilo? Es totalmente creativo: mí ganchillo no es el de toda la vida. Aunque no sé por qué no se considera tradicional, porque, por otra parte, mi abuela ya lo hacía. Me dicen que lo que hago es muy diferente.

Parece que no es muy sencillo conseguir algo suyo, ¿también hace trabajos por encargo?

Es verdad, trabajo en función de los encargos que me hacen y cositas así, y en las ferias, claro. En realidad, lo hago solo para las ferias grandes, las de Tenerife, Gran Canaria y la de Antigua, la de mi pueblo. No, no es sencillo conseguir algo mío.

Docente jubilada, dueña de un estilo al ganchillo único y singular, esta madrileña residente en Antigua transmite una lección imprescindible: «La vida hay que vivirla en cada momento»

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